Una bandera que migró para salvar su vida

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En el tejido de nuestra historia, las banderas a menudo asumen el papel de lienzos en los que plasmamos nuestras luchas, anhelos y resistencia. Desde aquel abril de 2018, los sencillos tonos azul y blanco dejaron de ser meros símbolos patrios para convertirse en una explosión de cambio. Ese fue nuestro punto de partida, el momento en el que esas franjas de colores se transformaron en mucho más que retazos de tela; se convirtieron en lienzos en los que plasmamos con trazos de determinación, lucha, esperanza y la vida misma de un país.

En este fotoensayo, nos embarcamos con una bandera que migró: una bandera cargada de
esperanza, pero sobre todo con el recuerdo vivo del país que inició un proceso de cambio en el 2018. Los latidos, las voces y las historias que cruzaron fronteras para encontrar refugio en tierras costarricenses. Desde los días en los que las calles resonaban con consignas de protesta hasta los momentos de tejer redes, cada esquina del camino nos habla de un país que llevamos con nosotras, lleno de esperanza en medio de la incertidumbre.

A medida que avanzamos a través de estas imágenes y estas palabras, te invitamos a mirar más allá de los colores y adentrarte en las historias tejidas en cada rincón. Cada captura es un testimonio no solo de la resistencia y la protesta, sino también de la vitalidad y los cambios que siempre han sido el latido de nuestra gente. Así, mientras migramos con esta bandera, queremos recordarnos que estar vivas es, en sí mismo, un acto de protesta.

En el año 2018, esta bandera se convirtió en nuestro emblema y representó a un pueblo que desafió un sistema en su totalidad. Cargamos en ella nuestros anhelos y deseos más profundos como país, convirtiendo a esta bandera en una manifestación tangible de nuestra capacidad colectiva para resistir y mostrar una determinación que sigue viva. Cada hilo de tela lleva consigo historias impregnadas de valentía, duelos, migraciones, lucha y, sobre todo, transformación. Nos encontramos en protesta #SOSNICARAGUA 

Desde este rincón particular del mundo, donde hemos tenido que reconstruir nuestras vidas sin abandonar nuestras raíces, bajo un cielo azul que parece adquirir una intensidad especial en Costa Rica, este tono de azul y blanco lleva consigo un significado más profundo. Porque aquí compartimos y construimos esta bandera, una bandera que desde el 2018 también representa migración. Un refugio para muchas en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced.

En busca de un pequeño refugio, aquí en el parque de La Merced, la bandera que llevamos sigue buscando su lugar en estas tierras lejanas. Sin embargo, este sitio nos une de una manera especial y única, aunque estemos separados de nuestro querido «paisito». En este rincón, en este parque que nos recuerda a Nicaragua, desplegamos la bandera con el mismo sentimiento de pertenencia que teníamos allá en el 2018.

Aquí, en este espacio que temporalmente se convierte en nuestro hogar, la bandera que cargamos sigue representando nuestros pensamientos, buscando un espacio en estos asientos. Aquí es donde se materializa el encuentro de las y los nicas que migraron para salvaguardar sus vidas, así como la solidaridad al compartir con quienes no tenían un refugio en este país.

Aquí, donde empezábamos una nueva vida en medio de la incertidumbre, lejos de casa y tratando de entender esta moneda extranjera, nos preguntábamos qué podríamos comprar con estos
billetes en un país ajeno. La bandera que llevamos con nosotras simboliza nuestra migración, que
lejos de forzada nos recuerda que estamos aquí, viviendo y presentes. Poco a poco, aprenderemos
a caminar con paciencia sobre esta tierra llamada Costa Rica.

Vos, bandera que migraste en 2018: representas la exploración de lugares donde podamos reunirnos para continuar expresando nuestras denuncias; aunque estemos lejos de casa, sigues reuniéndonos en la plaza de la democracia. Con tus colores azul y blanco, que nos recuerdan que la patria no es pequeña, el dolor persiste aquí. Mantenemos nuestra consigna: ¡JUSTICIA, JUSTICIA!

Una bandera que migró con sus colores azules y blancos ha adquirido un significado profundo en nuestro camino; son un recordatorio constante de nuestra búsqueda incansable de estos colores que no solamente representan una lucha por la justicia, sino también la continua necesidad de mantener vivos todos los sabores y aromas que conforman Nicaragua. Porque entre esos colores también están las historias de las tortillas que solo toman forma como en Nicaragua, cada una tejida con tradición y amor. Cada vez que vemos esos colores, sentimos un vínculo profundo con nuestra tierra y nuestra gente, y es un compromiso constante de no olvidar de dónde venimos: de comer el nacatamal con tortilla.

Como símbolo de protesta, estamos vivas, y nos acompañamos en el trayecto hacia lo que ahora llamo nuestra casa, nuestro hogar después de 5 años, después de comprender esta dinámica de país. Nos acompañamos en el camino hacia nuestro hogar, y nos acompañaremos cuando llegue el momento de regresar a la tierra que dejamos; simbolizas la resistencia de un pueblo que avanza en busca de un amanecer azul y blanco.

En el cierre de este conmovedor viaje a través de imágenes y palabras, descubrimos una verdad profunda: las banderas tienen la capacidad de trascender su naturaleza material para convertirse en símbolos de unión, resistencia y esperanza. En cada instantánea, en cada relato, hemos observado cómo un simple estandarte azul y blanco se transforma en un camino de la lucha, la identidad y el amor por un país.

Desde aquel abril de 2018, esta bandera dejó de ser meramente una bandera para transformarse en un emblema de nuestra voz colectiva, de nuestros anhelos y de nuestra determinación. Ha migrado junto a nosotras, ha ondeado en tierras lejanas y ha encontrado su hogar en los espacios que hemos creado, donde nos reunimos y donde se encuentra una persona nicaragüense fuera de casa.

Este ensayo fotográfico ha sido un testimonio visual y emocional de cómo la bandera
azul y blanco, cargada de historia y significado, nos ha acompañado en este viaje de
resistencia y búsqueda de un país distinto. Cada imagen capturada, cada palabra compartida, ha sido narrada desde mi propia historia, conectando mi historia individual en una narrativa colectiva de lucha por la justicia y la libertad, desde la migración.

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